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jueves, 19 de agosto de 2010

La Guerra de las Galias: Avaricum


Vercingetorix albergaba serias dudas, ((Goldsworthy), sobre sus posibilidades de vencer a las legiones en batalla, por lo que inició una estrategia altamente agresiva para su pueblo: quemar todas las aldeas y caserios para privar al general de cualquier posibilidad de abastecimiento. Como ocurre hoy en algunos pueblos del cono sur de América, las poblaciones se vieron aplastadas entre los dos contendientes y arrojadas al exterminio. Incluso destruyeron pueblos enteros. Los bituriges, en cumplimiento de esta orden de su líder, destruyeron hasta veinte asentamientos; Vercingetorix argumentaba que la alternativa era la muerte para los guerreros y la esclavitud para sus familias. En Alesia dará más muestras de su 'bonhomía'; la aceptación de medidas tan contundentes prueba que era un lider carismático para los galos. Pero los bituriges suplicaron que no se destruyera la bella ciudad de Avarico, confiando en la inexpugnabilidad que le proporcionaban las defensas naturales y artificiales, ya que estaba rodeada por un río y marismas por la mayoría de sus lados, lo que hacía prácticamente imposible el bloqueo.

Pero el ejército de César acampó en el único lugar en que la ciudad era vulnerable y construyó una rampa que le permitiera alcanzar el muro; construyó manteletes y refugios para proteger a los trabajadores, así como dos torres de asedio para ascender la rampa cuando estuviera terminada. El gran problema de los romanos era el abastecimiento de trigo, dificultado por los ejércitos de Vercingetorix, acampados a menos e veinticinco kilómetros, y por la propia escasez de los galos, cuyos campos habían sido quemados. Afortunadamente para los romanos, cuando acabaron con las provisiones de grano, contaron con reses que habían traído los recolectores. El recuerdo de la matanza de Cenabo les mantenía firmes y preparados para la venganza.

Pero no solamente el campamento romano sufría esta escasez, sino que el galo comenzaba a sufrir las consecuencias de su estrategia, a la que se unía la estación del año y la falta de organiación logística de los jefes tribales. Tras algunas escaramuzas, Vercingetorix envio diez mil guerreros a reforzar la ciudad, en la que había mineros, que trabajaban en las cercanas minas de hierro, capaces de socavar la rampa romana; otros construían torres o elevaban el muro, a medida que crecía la construcción romana; pero los soldados de César tenían mayor destreza en las obras de ingeniería y en veinticinco días la obra estaba practicamente terminada. Hubo continuos intentos de sabotaje por parte de los defensores de la ciudad, e intentos de quemar la rampa.

En los Comentarios hace una de esas raras menciones de un incidente menor del que fue testigo. Un guerrero galo se situó cerca de una de las puertas de la ciudad y comenzó arrojar trozos de brea y sebo contra las obras romanas. Fue asesinado por la saeta lanzada por un escorpión: una de las piezas de artillería romana que arrojaba su proyectil con gran precisión y tremenda fuerza. Tan pronto como cayó, otro ocupó su lugar, y luego otro y otro más, pues cada uno de ellos resultó derribado por una saeta de la misma ballesta. Es evidente que César se sentía impresionado por su valor, algo que los Comentarios nunca intentaron negarle a los galos, aunque César tendía a describir ese valor como algo inferior ala disciplinada valentía de las legiones (A .Goldsworthy ).

Un día después, obedeciendo a Vercingetorix decidieron abandonar el pueblo, de noche y abriéndose paso entre las marismas. El plan abortó porque las familias, al sentirse abandonadas comenzaron a gritar. Al día siguiente la rampa romana estaba terminada, llovía mucho, pero César decidió iniciar el asalto, confiando en la audacia de sus generales y el desánimo de los bituriges. El propio procónsul cuenta que la soldadesca incontrolasble estaba enfurecida por el odio y las penalidades sufridas en el asalto y no respetó ni a ancianos, ni a mujeres ni a niños; de cuarenta mil personas que habitaban la ciudad apenas ochocientos se salvaron y llegaron al campamento de Vercingetorix. Años después Polibio comenta que en ocasiones los romanos realizaban matanzas parai nfundir terror, pero A.G. duda de que ésto fuera lo que ocurrió en Avarico, ya que el propio César no ocultó otras masacres que, en aquella época, no mlestaban a nadie. Cree que este desenfreno se debió a la pura rabia de los legionarios, frustrados y cansados tras un asedio difícil, en el frío del invierno y con escasísimas provisiones. Es más, de forma pragmática y cínica afirma que la matanza no favorecía los intereses económicos del vencedor, que solía vender como esclavos a los derrotados, lo que les daba pingües beneficios. Terrible, pero verdad.




Propuestas didácticas

Traduce los siguientes textos:

Postero die, Caesar, promota turri derectisque operibus, quae facere constituerat, magno coorto imbre, nos inutilem hanc ad capiendum consilium tempestem arbitratus est, quod paulo incautius custodias in muro dispositas videbat, suosque languidius in opere versari iussit et quid fieri vellet ostendit. Legionibus intra castra vineasque in occulto expeditis, cohortatus ut aliquando pro tantis laboribus fructum victoriae perciperent, iis qui primum murum ascendissent praemia proposuit militibusque signum dedit. Illi subito ex omnibus partibus evolaverunt murumque celeriter ompleverunt.
(De bello gallico.Liber VII.XXVII)

Hostes, re nova perterriti, muro turribusque deiecti, in foro ac locis patentioribus cuneatim constituerant, hoc animo, ut si qua ex parte obviam contra veniretur, acie instructa depugnarent. Ubi neminem in aequm locum sese demittere, sed toto undique muro circumfundi viderunt, veriti ne omnino spes fuga tollerentur, abiectis armis, ultimas oppidi partes continente impetu.

Pars ibi, cum angusto exitu portarum se ipsi premerent, a milibus, pars, iam egressa portis, ab equitibus est interfecta. Nec fuit quisquam qui praedere studeret. Sic, et cenabensi caede et labore operis incitati, non aetate confectis, non mulieribus, non infantibus pepercerunt. Denique, ex omni numero, qui fuit circiter milium XL, vix DCCC incolumes ad Vercingetoricem pervenerant.

(De bello gallico. Liber VII. XXVIII)

Como podéis ver en estos textos Adrian Goldsworthy sigue casi al pie de la letra los Comentarios de César, único documento fiable que narra exhaustivamente esta guerra. El historiador trabaja con fuentes y no con imaginaciones, y parece que la rivalidad fundamental no era entre Roma y las tribus galas, sino entre ellas y con el imperio, unas veces aliado, otras enemigo, según la conveniencia de cada cual.

Las diferencias tecnológicas no eran tan importantes como ahora, e incluso los galos poseían armas de hierro y habían atacado Roma, cuando era un territorio aún con escasa importancia. Por otra parte, de ser ciertas las informaciones que nos han llegado, y, como veremos en la Batalla de Alesia, y ya hemos visto en Avarico, los galos dejaban su a suerte a sus padres, mujeres e hijos, a merced de los enemigos de unas guerras que ellos habían promovido . Nada que idealizar.

No obstante periodos recientes de la historia de la humanidad han dejado el testigo no de auténticos genocidios, sino de verdaderos holocaustos. El hombre no puede sentirse orgulloso.

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