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martes, 16 de noviembre de 2010

Aristófanes. Lisistrata


Comedia concebida por Aristofanes en el año 411 A. C ; Grecia está en guerra, la guerra del Peloponeso y la contienda se va decantando por Esparta y sus aliados. Atenas ha sido derrotada en Sicilia, en Grecia pierde zonas de influencia y sus aliados se van sublevando.

Aristofanes es un pacifista, lo ha demostrado en comedias anteriores: “Los arcanienses” (425), “La paz” (421) cuando las armas eran favorables a los atenienses.

En “Lisístrata”, las mujeres de toda Grecia, que se han mantenido sin rechistar en las primeras fases de la guerra, aunque las resoluciones tomadas por los hombres en la Asamblea les parecieran totalmente disparatadas, están dispuestas a poner todos los medios a su alcance para lograr la paz entre los contendientes. En efecto a Lisístrata, heroína de la comedia, le cuesta convencer a las mujeres helenas reunidas en asamblea que renuncien a hacer el amor con sus maridos hasta que concluyan un tratado de paz. Cleonice, una vecina suya afirma que: “Otra cosa, cualquier otra cosa que quieras. Incluso, si hace falta, estoy dispuesta a andar por fuego. Eso antes que …, que no hay nada comparable, Lisístrata, guapa.”

La asamblea de mujeres helenas termina por aceptar las propuestas: abstinencia sexual y toma de la Acrópolis ateniense por las mujeres, es éste el lugar donde se guardaba el tesoro de Atenas y que en determinadas expediciones militares se hacía uso de él.

A lo largo de la obra las mujeres se van lamentando de su condición, especial importancia para percatarnos de la situación de la mujer griega se revela en los siguientes diálogos que se comentan por sí solos. Así, ante la propuesta de Lisístrata de abstinencia, Cleonice pregunta “¿ Y si nos pegan? A lo que Lisístrata responde “Hay que dejarse hacer poniéndoselo muy difícil, que no hay placer en esas cosas cuando se hacen por la fuerza …”. En el acto de juramento todas las mujeres juran que ante una violación de sus maridos “… me dejaré de mala gana y no le seguiré en sus meneos”. En el debate que Lisístrata mantiene con el comisario llega a decir: “Por Zeus, no se parece en nada (el envejecimiento de las mujeres). Pues cuando el hombre regresa, aunque esté lleno de canas, en seguida lo tienes casado con una jovencita. Pero el momento de la mujer es muy breve, y si no lo aprovecha, nadie quiere casarse con ella, y ahí se queda alimentando ilusiones”, no en balde el mismo Aristóteles en EL Libro séptimo, XVI establece que las “mujeres debieran casarse a los dieciocho años mientras que los varones a los treinta y siete o aproximadamente” después de utilizar una serie de argumentos, que en algún caso resultan ser muy peregrinos. En otra ocasión llega a decir: “… No sin razón las tragedias se hacen a costa nuestra, pues no somos nada más que follar y parir”.

Más adelante Lisístrata recuerda que es un ser inteligente y que es capaz de razonar recordando a los varones de ambos bandos, que en ese momento están henchidos de deseo sexual, su cultura y religión común: “Teniéndoos cogidos quiero reñiros a la vez y con razón a vosotros, que con una misma agua sagrada rociáis los altares, como gentes de la misma familia, en Olimpia,… Y sin embargo, cuando está presente el enemigo con su ejército bárbaro, dais muerte a los griegos y destruís sus ciudades” y las muestras de solidaridad se tuvieron en tiempos pasados.

Por otra parte Lisístrata se muestra partidaria de “mezclar” a los ciudadanos con los metecos (residentes en la ciudad pero sin derechos políticos por ser extranjeros), a los deudores del estado (eran excluidos de los derechos políticos) y a las ciudades que son colonias de Atenas, que los compara con “copos de lana” para “hacer una gran bola y, con ella, se teje un vestido para la gente”. Preciosa metáfora para revindicar los mismos derechos para todas las personas.

Una vez concluido el tratado de paz celebran un banquete en el que se elogian las borracheras: “Si llego a convencer con mis palabras a los atenienses iremos siempre a todas partes borrachos. Pues ahora, cada vez que vamos a Lacedemonia (país de los espartanos), sobrios, en seguida buscamos como alborotar, de manera que lo que nos dicen no lo escuchamos, pero lo que no dicen, eso lo suponemos, y sobre las mismas cosas no contamos lo mismo” llega a decir el prítanis ateniense (magistrado que ejercía competencias ejecutivas).

La obra finaliza con cantos y loas a Atenas y Esparta.

J.E. Acaulis.


Jorge Enrique Grau Jornet





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