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lunes, 19 de septiembre de 2011

Alcestis. Eurípides.





Primera obra que se conserva de Eurípides. La leyenda de Alcestis tiene su origen en la resurrección de un muerto por parte de Asclepio; el mismo Hades alarmado, por no poder cumplir satisfactoriamente sus competencias acudió a Zeus protestando enérgicamente (Diodoro IV 71, 1-3). Zeus lo fulmina con un rayo. A su vez Apolo, padre de Asclepio, como venganza quita la vida a los cíclopes encargados de fabricar el fuego que utiliza Zeus en sus rayos. Gracias a la mediación de la madre de Apolo, Leto, éste no es arrojado al Tártaro por Zeus, pero le obliga a trabajar como jornalero en casa de Admeto durante un año.


Admeto amaba a Alcestis, hija de Pelias. Éste exigía a los pretendientes de su hija que llevasen un carro tirado por leones y jabalíes. Con la ayuda de Apolo, Admeto consigue a Alcestis. Hacen sacrificios a todos los dioses, pero olvidan a Artemisa que se siente menospreciada y condena a muerte a Admeto.


Apolo intercede de nuevo ante las Parcas. Y estas aceptan a condición de que alguien muera por él. Es tarea imposible. Tanatos (La Muerte) se siente muy realizado con la labor que ejecuta y aunque aquel intercede por Alcestis para que retrase el fatal desenlace, es trabajo vano: “Ninguna (posibilidad) piensa que yo también me gozo con mis honras” y “De los que mueren jóvenes obtengo mayor ganancia” .


Sondea a sus padres que ya han vivido la casi totalidad de su vida, pero no aceptan. Solo su mujer Alcestis se presta a realizar el sacrificio supremo, su vida a cambio de que Admeto continúe viendo la luz del sol. Hay una condición, no debe volver a casarse, no soportaría una madrastra para sus hijos. Alcestis transforma su profunda desolación e incontrolable llanto a aceptar la muerte con grandes dosis de racionalismo y serenidad en sus últimos momentos.


Es particularmente interesante el diálogo entre Feres y su hijo Admeto cuando aquel le da las condolencias por la muerte de su mujer. Se plantea Admeto el siguiente dilema “¿Es lo mismo que muera un hombre joven que uno anciano?” .


Está absolutamente convencido de la justeza de su pretensión, argumenta de la siguiente forma: tanto su padre como su madre han vivido una vida íntegra,han realizado todos sus deseos, han gobernado en Feras como reyes, han tenido un hijo al que le entregarán el palacio, el reino y los demás bienes “ sin peligro de morir sin descendencia y de dejar la casa huérfana a la rapiña de otros”. En esencia, les queda muy poco tiempo de vida y ésta les ha sido feliz. Llega a tal extremo de cinismo que: “Tú que la has matado serás su enterrador y pagarás el daño a sus parientes. En verdad que Acasto no es un hombre, si no castiga en ti la sangre de su hermana”.


Pero Feres no está en absoluto de acuerdo: “Tú has nacido para ti solo, ya feliz, ya desgraciado,…No mueras tu por mí, que yo tampoco lo hago por ti. Gozas viendo la luz, ¿piensas que tu padre no goza con verla?... Tu luchaste a brazo partido, sin pudor, por no morir y vives habiendo esquivado el destino fijado, después de haber matado a tu esposa. ¿Y me acusas a mí de cobardía, tú, el mayor de los cobardes, derrotado por una mujer que ha muerto por ti, por un muchacho hermoso? El rigor lógico del discurso de Feres es abrumador y absolutamente impecable.


El precio que tiene que pagar Admeto por no morir es elevado. No volverá a ver a su mujer a la que ama. Está en continua contradicción consigo mismo. No quiere morir, pero le pide a Alcestis: “Llévame contigo, por los dioses, llévame abajo” e incluso llega a decir: “¿Cómo podría morir? Mi madre me engendro para un pesado destino. Envidio a los muertos, siento pasión por ellos, deseo habitar sus moradas” y finalmente se arrepiente de su profundo egoísmo y lamentable proceder: “Yo, en cambio, que no debería vivir, habiendo escapado a mi destino de muerte arrastraré una vida lamentable” y más adelante “Fuera me atormentarán las bodas de los tesalios y las reuniones a las que asistan mujeres, pues no podré soportar a las compañeras de mi esposa. Y cualquier enemigo mío dirá: He aquí a quien vive con vergüenza, aquel que no se atrevió a morir, sino que por cobardía entregó a cambio a su esposa y escapó a Hades. ¿Creerá que es un hombre? Odia a sus padres cuando el mismo no quiso morir.


La única conducta noble de Admeto fue la de ofrecer hospitalidad a Heracles, aún a pesar del profundo dolor que le invadía. Éste, ignorante del luto de aquel, puesto que le había ocultado el óbito de Alcestis para que aceptase su hospitalidad, canta, bebe, se banquetea y se muestra alegre hasta que un sirviente le advierte del acontecimiento.


Heracles como premio a la hospitalidad recibida en tan duro trance está dispuesto a bajar al mismísimo Hades y traer de vuelta a Alcestis. No hace falta tanto, en la misma tumba, entabla feroz pelea con Tanatos (La Muerte) a la que vence, recuperando a Alcestis para la vida.