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lunes, 15 de noviembre de 2010

Eurípides. Helena



Eurípides nos presenta una Helena profundamente gazmoña y dispuesta al martirio y muerte por conservarse pura y casta, solo ha compartido su lecho con su marido Menelao el rey de Esparta.

Helena (1) es raptada por Paris, príncipe troyano. Hera, esposa de Zeus, hace una réplica perfecta de ella con nube de éter y ordena a Hermes, mensajero de los dioses, que traslade a aquella a Egipto donde reina el bondadoso Proteo que es elegido por ser “el más virtuoso de todos los mortales, a fin de que yo conserve mi lecho inviolado para Menelao”, dice Helena.

La réplica viaja con Paris a Ilión, ciudad que es tomada posteriormente al cabo de diez años por una confederación de tropas aqueas, sin que éste advierta la menor transformación.

Una vez muerto Proteo, el hijo de éste, Teoclimeno pretende casarse con ella, que se refugia como suplicante en la tumba de Proteo a fin de evitar el acoso del pretendiente puesto que va a obligarla a casarse con él sin contemplaciones. Pero Helena no se resigna a creer que su esposo legítimo, Menelao, esté muerto aunque haya pasado una cantidad de tiempo considerable, concretamente 18 años.

Entre tanto arriba a Egipto Teucro( 2), héroe aqueo, a fin de consultar a la profetisa Teónoe, hija también de Proteo. La casualidad hace que se encuentre con Helena a la que pone al corriente de los hechos acaecidos en Ilión y del tormentoso viaje de regreso a la patria de los victoriosos aqueos. Su marido ha muerto, su madre se ha suicidado por la vergonzosa fama de su hija, sus hermanos, los dioscuros Cástor y Pólux también han muerto como consecuencia del comportamiento de Helena, si bien estos últimos han ascendido a la categoría de dioses, le comenta un Teucro totalmente fascinado por el enorme parecido de aquella mujer con Helena, a la que no logra identificar puesto que el mismo ha visto como su esposo una vez tomada Ilión la arrastraba por los pelos en la playa.

Pero esto no es suficiente para Helena que procede a consultar a Teónoe “la que todo lo sabe”. Menelao vive, le responde.

El azar quiere que Menelao, la réplica de Helena y unos cuantos compañeros naufraguen en Egipto, en un lugar cercano a la tumba de Proteo, ocultándose en una caverna.

Helena y Menelao se reencuentran, instante en que la réplica se desvanece. En este momento se produce la consiguiente situación equívoca en la que Menelao observa el enorme parecido de aquella mujer con la que cree su esposa es decir con la que ha convivido desde la caída de Ilión, el equívoco se resuelve cuando uno de sus compañeros náufragos le informa de que la Helena rescatada de Troya ha desaparecido en las profundidades del éter y que tan solo dijo: 2Desventurados frigios (troyanos ) y vosotros, aqueos todos, por mi causa y merced a las maquinaciones de Hera, habéis muerto…, creyendo que Paris poseía a Helena a quien nunca ha poseído. Ahora… debo volver al cielo.”

Elaboran un plan para escapar puesto que Teoclimeno es el tirano de un país bárbaro “donde todos son esclavos a excepción de uno” y enemigo acérrimo de los helenos, en tanto que Menelao es capaz de “trasladar por medio del remo todo un ejército hasta Troya (Ilión), sin que, como un tirano, hubiera de reunirlo por la fuerza, pues la juventud de la Helade se puso de buen grado bajo mis órdenes”.

Es impensable que un rey micénico se comportase como un demócrata, en ausencia de leyes escritas su palabra, que dependía de su estado de ánimo u otra cualquier circunstancia, era ley. No obstante Eurípides que era un demócrata parece trasladar la escena al siglo en el que vive, tal vez como exaltación de los valores de la democracia ateniense. Por otra parte si bien es un pacifista, no queda patente en esta obra que aunque Helena se lamente de los padecimientos sufridos por los dos bandos de la contienda troyana, Menelao se jacta en repetidas ocasiones de sus gestas heroicas: Famoso es el incendio de Troya, y yo, Menelao, fui quien lo hizo arder: en todas partes soy conocido”, ”Yo no soportaría arrojarme a tus rodillas, ni humedecer con lágrimas mis párpados, pues, si me mostrase cobarde, desfiguraría no poco mis hazañas troyanas” e incluso la misma Helena, desde la nave, cuando se disponen a huir: “¿Dónde está vuestra gloria troyana? Mostrádsela a estos bárbaros.”

El melodrama termina con la aparición «Deus ex machina» de los Dioscuros que aconsejan a Teoclimeno que deponga su actitud colérica pues “Helena tiene que volver al yugo de sus primeras bodas…Por todo ello, aparta esa negra espada de tu hermana (Teónoe ) y convéncete de que ha obrado prudentemente”

  1. En la mitología griega, una leyenda determinada puede tener varias versiones. En este caso Eurípides sigue a Estesícoro, fragmento 15, D. L. Page, Poetae melici Graeci, Oxford, 1962. Herodoto en Historia II, 113 afirma “los sacerdotes (egipcios) me respondieron como sigue. Alejandro (Paris), después de raptar a Helena, zarpo de Esparta rumbo a su patria; pero, cuando se encontraba en el Egeo, unos vientos contrarios lo empujaron al mar de Egipto y, como los vientos no remitían, acabo por llegar a Egipto”, más adelante “Proteo le preguntó dónde había conseguido a Helena; Y como Alejandro divagaba en sus explicaciones y no decía la verdad, los que se habían acogido a la protección del santuario lo pusieron en evidencia relatando toda la historia de su felonía… En fin, como tengo mucho empeño en no matar a ningún extranjero, me voy a limitar ahora a no permitir que te lleves a esa mujer ni esos tesoros;… y en cuanto a ti y a tus camaradas de travesía, os ordeno zarpar de mi tierra con otro rumbo en el plazo de tres días; si no, seréis tratados como enemigos”. En 118 el mismo autor afirma “Pues bien, cuando los delegados hubieron entrado en la plaza, Menelao reclamó la entrega de Helena… pero los teucros, entonces y después, tanto bajo juramento como sin él, dieron la misma respuesta: que no tenían en su poder a Helena … Sin embargo, como, cuando tomaron la plaza, Helena no aparecía y seguían recibiendo la misma respuesta , los griegos acabaron por creer la primitiva explicación y enviaron a Menelao en persona a la corte de Proteo. Según esta versión y tal como afirma el mismo autor en 120 “aunque el propio Príamo (rey de Ilión) hubiese convivido con Helena, la hubiera devuelto a los aqueos, especialmente si así iba a verse libre de los infortunios que sobre él se cernían”.

  2. Teucro hijo de Telamón y Hesíone. Una generación anterior a la guerra homérica de Troya, Telamón participo junto a Heracles y otros héroes griegos en una expedición de castigo a Troya. En efecto, Heracles había rescatado a Hesíone, hija del rey de Ilión Laomedonte, de las fauces de un monstruo marino enviado por Poseidón a las costas troyanas. Laomedonte sustituyo las yeguas divinas, regalo de Zeus como compensación por el rapto de Ganímedes, que había acordado como pago a Heracles por yeguas comunes. Como consecuencia éste devasto la ciudad, entregando a Hesíone a Telamón que se había distinguido en la toma de la ciudad. Por tanto Hesíone era esclava de Telamón y Teucro su hijo bastardo y sin derecho a herencia. Telamón, rey de Salamina no puede soportar que Teucro sobreviva a su hijo legítimo Áyax y es por ello expulsado del hogar paterno.

J.E. Acaulis


JORGE ENRIQUE GRAU JORNET