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jueves, 19 de agosto de 2010

Theodor Mommsen. El mundo de los Césares.


Una de las descripciones de César que más me ha impresionado ha sido la que de él hace Theodor Mommsen:

La monarquía de Julio César no era el despotismo oriental por la gracia de Dios, sino la monarquía que Cayo Graco había querido instaurar, la misma que fundaron Pericles y Cromwell: la propia nación representada por un supremo e ilimitado mandatario. En este sentido, las ideas que inspiraba la obra de César no eran, realmente, nuevas; pero fue él quien les dio realización, que es siempre y en último término lo que decide, y a él corresponde el mérito de la grandeza de su ejecución, la cual habría sorprendido incluso al hombre genial que concibiera la idea, si hubiera podido presenciarla, como llenó, llena y llenará por siempre de la más profunda emoción y admiración a quien la contempló en la realidad viva o la contempla hoy o haya de contemplarla mañana reflejada en el espejo de la historia, cualquiera que sean la época histórica a que pertenezca o las ideas políticas que profese, en la medida de su capacidad de comprensión para la grandeza histórica y humana.

Vamos a contratar estas palabras con un vídeo divulgativo, de origen británico, un poco más templado que otros que habéis visto.





Parece increíble que supuestos historiadores de cierto prestigio se presten a manipulaciones tan burdas, como una que comprenderéis muy bien: esa representación de Julio César, aparentemente comiendo cicle ( es pollo, pero lo mastica como si no se dejara comer). ¿Qué intentan sugerir con esta imagen? Creo que todos lo sabéis: una analogía con los depredadores norteamericanos. ¡Qué cutre! (perdonad la expresión )

Comienza el reportaje con una expresión que contradice abiertamente Adrian Goldsworthy: " Tras años de represión violenta...". Parece que está claro que la utilización de ambos contendientes fue mutua, y que muchos jefes tribales buscaron la alianza de Roma para lograr una supremacía sobre otros galos vecinos. Por otra parte la primera imagen de un busto no se corresponde con el físico de Julio César, que fue asesinado cuando, según los cálculos, tenía 56 años (idus de marzo del año 44 antes de Cristo)

Por otra parte Julio César no fue cónsul el año 60, sino el 59, lo que sí tendrá trascendencia futura, pues los ex-cónsules no podían volver a optar a esta magistratura hasta que hubieran transcurrido diez años. Afirmar que compró el lugar de Pontífice Máximo es ridículo, en una sociedad absolutamente venal, en la que todos los cargos estaban a la venta, y en la que para poder competir César tuvo que endeudarse. Si se le prestó el dinero (especialmente por Craso, y Pompeyo, que le cedió dos legiones) no sería porque pensaban que era un mediocre general. La Historia ha puesto cada uno en su sitio.

En sus libros (hay que hacer un esfuerzo para ir colocándonos en el lugar al que su personalidad nos conduce: estadista, general, historiador, víctima de un magnicidio...) no usa nunca la religión, ni a su favor ni en su contra, e intenta conducirse con tal objetividad que habla siempre de César en tercera persona, evitando al máximo calificativos denigrantes de sus enemigos. Baste comparar su obra con la de Salustio, Cicerón, Suetonio o cualquier otro ( durante este curso intentaremos una aproximación a estos autores) . Su visión de la historia es laica, o como mucho agnóstica; durante su consulado con Bíbulo, éste intento paralizar sus actuaciones señalando el año como nefasto, lo que César ignoró, por lo que este periodo fue denominado el consulado de César y César.

Muchos de vosotros habéis tenido la suerte de pasear por los foros imperiales al atardecer, cuando la luz del sol cae lánguidamente sobre el Coliseo. Habéis podido contemplar la imagen de César al atardecer, y os habéis fotografiado junto a ella. Os pido que volváis a contemplar estas fotografís, en la que cada uno has puesto mucho de sí mismo, de su percepción de la vida en una ciudad como Roma, y de la historia de un personaje como el autor de La guerra de las Galias.

Desde este lugar y este instante propongo hacer una exposición fotográfica del momento, que, al menos para mí y para alguno de vosotros, fue mágico.