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martes, 24 de agosto de 2010

Cruzar el Rubicón

Muchas veces habréis oido decir que se ha cruzado el Rubicón y supongo que os habréis preguntado qué se quiere decir con esta expresión: agotadas todas las vías de negociación, un hombre o una institución que se siente perjudicad@ decide pasar a la acción. Pero veremos cómo se produjeron los acontecimientos que condujeron a César a dar este paso decisivo.

Mis alumnos están aburridos de oirme contar esta historia, pero ahora vamos a empezar a traducir los Comentarii De bello civili, la principal fuente que la Historia nos ha dejado de estos acontecimientos y que ha sido utilizada por historiadores de todas lás épocas, que siguen al pie de la letra el texto de César. En este estudio nos vamos a basar en De bello civili, Historia de Roma de S.I. Kovaliov y César de Adrian Goldsworthy.

Goldsworthy incluye dos textos, de Suetonio y Cicerón, como introducción al capítulo XVII de su libro, El camino hacia el Rubicón. César no habló en sus escritos de este hecho.

Cuando alcanzó a sus cohortes junto al río Rubicón, que era el límite de su provincia, se detuvo un poco y, reflexionando sobre la magnitud de la empresa que proyectaba, se volvió a sus compañeros y dijo: " Todavía ahora podemos retroceder, pero si cruzamos este pequeño puente, todo tendrá que resolverse por la fuerza de las armas" (Suetonio, finales del siglo I d.C.)

Con estas cosas él (César) ha alcanzado tanto poder que hoy la esperanza de resistir está en un
solo ciudadano; y yo preferiría que éste no le hubiese dado tantas fuerzas a que ahora tenga que resistir a tan poderoso adversario. (Cicerón, 9 de diciembre, 50 a.C.)

A continución Adrian Goldsworthy pasa a analizar las causas de este hecho histórico de tanta trascendencia. Pacificada la Galia, César estaba realizando
serios esfuerzos diplomáticos para crear una nueva provincia estable para la República. El procónsul se había enriquecido en la campaña de las Galias, es cierto, pero no eran despreciables los réditos que había proporcionado a la República, al tiempo que había aumentado la seguridad de los caminos que conducían a las provincias occidentales, como la Galia e Hispania, y protegía Italia de posibles invasiones como las de los cimbrios y teutones, en época de Mario. Los alumnos y todos aquellos que opinan sobre la emigración de los pueblos, deben saber que, si bien Mario frenó este intento de las tribus del Norte de entrar en territorio italiano, aún no habían transcurrido doscientos años cuando estos mismos pueblos, por medio de sus militares, que formaban la guardia de corps de los Césares, ponían y quitaban emperadores a su libre albedrío. La decadencia del imperio comenzó a gestarse desde su nacimiento, desde dentro.

Aunque la conquista de las Galias benefició a Roma, es bien cierto que lo hizo en mayor medida a ciudadanos privados más que al Estado: se abrieron nuevos mercados en Britannia, los oficiales del ejército se vieron beneficiados por el reparto generoso del botín y de la venta de esclavos con el general. El propio César no era el tipo de persona que acumulaba riquezas como un valor en sí, sino que gastaba con prodigalidad en sus proyectos de construcción y organización de espectáculos, concedía préstamos sin interés e incluso regalaba dinero a hombres cuya amistad quería cultivar. Cuando contemplemos las luchas en la República romana, debemos tener en cuenta que Julio César era un patricio, perteneciente a una de las familias más ilustres de Roma, y que fueron sus características personales, su carisma, los que le enfrentaron a los de su clase, organizados en la facción de los Optimates, oligarcas que temían perder su poder e influencia, que tantos beneficios les reportaba.

César pertenecía a la facción de los Populares, que desde la época de los Graco defendía el reparto del ager publicus, la abolición de las deudas, en un momento de abuso de los usureros, y la extensión de la ciudadanía a los pueblos sometidos, ideario que los Optimates veían como una seria amenaza para sus intereses económicos y que dejó en el camino los cadáveres de los Tribunos de la Plebe, a los que llamaban demagogos, que se esforzaron en llevar a cabo reformas de este tipo, como los Graco, Saturnino, Clodio...Por el contrario Marco Tulio Cicerón o Cneo Pompeyo eran hombres nuevos, procedentes de provincias itálicas, que hacían méritos para ser acogidos en el seno de los oligarcas y el partido de los Optimates; El primero era de Arpino y el segundo no tenía ni siquiera el nombre completo romano, aunque él añadió el cognomen de Magnus, en un intento de equipararse con el gran Alejandro. William Shakespeare pone en boca de Marco Antonio la magnanimidad de César y el contrapunto de sus rivales:






Quiero que os fijéis en dos cosas:

  1. Siguiendo la interpretación clásica, especialmente inglesa, Shakespeare acusa sutilmente, por medio de imágenes a Marco Antonio de demagogo, cuando, después de comenzar el discurso, mira por el rabillo del ojo para ver el efecto que producen sus palabras a las masas que quiere incitar.
  2. Va contraponiendo a sus argumentos en favor de César muerto, la expresión hombres honrados, como se llamaban a sí mismos los patricios. En latín boni u optimates. Esta táctica es muy efectiva para degradarlos pareciendo que los alaba.
Creo que ésto nos coloca bastante bien para entender el contexto que estamos analizando. Durante varios años César había puesto de manifiesto que pretendía un segundo consulado ( el primero lo obtuvo, como sabéis el año 59 a.C.) a su regreso a Roma y su triunfo electoral estaba prácticamente garantizado porque siempre había sido popular entre los votantes y ahora contaba además con dinero para sobornos; antes dependía de banqueros amigo, como Craso (gran especulador inmobiliario) o Balbo, pero estos préstamos le salían caros. Planeaba presentarse a las elecciones en el otoño del año 49, de acuerdo con una ley antigua restaurada por Sila, que imponía un periodo de diez años entre un consulado y el siguiente. Pero César tenía enemigos poderosos en Roma, que esperaban verle entrar en la urbs desposeído de toda magistratura o imperium con el fin de aniquilarlo políticamente, tras someterlo a procesos judiciales, siempre fáciles después de una guerra. Los poderes del procónsul de las Galias cesaban el 1 de marzo del año 49, pero según el acuerdo de Luca (por el que forma el triumvirato con Pompeyo y Craso) no podía asumir el cargo de cónsul hasta el 1 de enero del 48, lo que generaba un periodo de diez meses de desprotección total del candidato frente a sus poderosos enemigos.

La situación se agravó porque Pompeyo, que había sido nombrado consul sine colega, hecho sin precedentes que le convertía en un auténtico dictador, allanó el camino a los detractores de César mediante una ley según la cual el gobierno de las provincias no se concediese a quienes hubiesen tenido cargos hasta transcurridos cinco años. Esta medida la tomó tras prorrogar su proconsulado en Hispania cinco año más. No parece muy ético.

La situación se agravó extraordinariamente; algunos senadores exigieron que César disolviera sus ejércitos y regresara inmediatamente a Roma; los tribunos Marco Antonio y Quinto Casio pusieron el veto a estas medidas, y el Senado, presionado por la fuerza militar pompeyana y los discuros de Escipión y Catón, enemigos acérrimos del procónsul de la Galia, promulgó un senatusconsultum ultimum: "Videant consules ne res publica quid detrimenti capiat. Tras la negativa del senado a leer la misiva de César, el desprecio del veto y el ataque a los tribunos, estos huyeron junto a César.

Como afirma Goldsworthy, nada funcionó como estaba previsto y César, en vez de volver a casa para encontrarse con un segundo consulado, un triunfo galo, los juegos en honor de su hija muerta y un reconocimiento como igual de Pompeyo, regresó transformado en un rebelde. La obstinación, el orgullo y las sospechas de todos los implicados, así como las profundas enemistades personales en unos cuantos casos, contribuyeron a este punto muerto, y tampoco ayudó un optimismo fuera de lugar en que los oponentes se echarían atrás. Algunos habían previsto tiempo atrás que se fraguaba una guerra civil que nadie quería; el conflicto armado no se produjo, en apariencia, por la confrontación de grandes ideas y, aunque se acusó a César de pretender instaurar una monarquía, nunca se han encontrado pruebas suficientes para este argumento. Parece que lo que pretendía era defender su dignitas y auctoritas, ( su virtus estaba más que probada). La guerra civil se extendió entre el año 49 y 46 a.C.; César fue asesinado el idus de marzo del año 44, por lo que es imposible analizar lo que no se produjo: cuál hubiera sido la política llevada a cabo por un popular. No podemos olvidar que la vida política de la República siempre estuvo teñida de sangre y que todos los tribunos de la plebe que intentaron defender los derechos de la plebe fueron llamados demagogos primero y asesinados después.

Así pues, agotadas todas las posibilidades de negociación entre ambos bandos, César toma la decisión de invadir Roma con su ejército. El símbolo de esta decisión fue el paso del Rubicón, límite de su imperium, que le convierte en un rebelde. Se le atribuye una frase pronunciada al cruzarlo: Alea iacta est.




La importancia de este hecho histórico hace que muchos intenten publicitar sus productos musicales utilizando las imágenes de la serie Rome (que veremos en clase), dirigida por John Millius, cuyo efecto diegético pleno se pierde al eliminar la banda sonora de la película. La imagen de los patas de los caballos introduciéndose en el agua del insignificante riachuelo, ante la sorpresa del niño que pesca, es mucho más expresiva que mil palabras, y contribuye a recrear en la imaginación este acontecimiento. Las imágenes que incorporamos son de la película Julio César, de Uli Edel, hoy descatalogada; las imágenes de la serie Rome, dirigida por John Millius se pasarán en clase.

Con estos precedentes podemos entender mejor el comienzo de la obra de Julio César, De bello civili:

Litteris C.Caesaris consulibus redditis, aegre ab iis impetratum est summa tribunorum plebis contentione ut in senatu recitarentur; ut vero ex litteris ad senatum referretur impetrari non potuit.

Propuestas didácticas:

Traduce este texto y explica su contenido.

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